miércoles, 8 de julio de 2009

Colombia en el límite del hedor


Análisis Internacional
La pregunta es hasta cuándo y hasta cuánto la opinión pública va a estar sometida a una estructura del falso mensaje creado por medios y autoridades, con una complicidad que se hace peligrosa a la hora de evaluar lo que es legítimo. En la práctica es el Estado el que se vuelve más vulnerable, para después lamentar el terrorismo.
por Juan Francisco Coloane
El tema de la reciente liberación de los 15 rehenes y el manejo político y publicitario de varios estados involucrados abiertamente o veladamente en su consecución, es otro hito en la incertidumbre generalizada respecto a los métodos de la política.
Como el fraude de información en Irak, este hecho ha tenido repercusión mundial, en esa dimensión del engaño al espectador. Como si tratara de un film noir: es de mal gusto por donde se le mire. Es la política en su pragmatismo consustancial, y que está en el límite del hedor.
Ha prevalecido en los medios -principalmente aquellos más potenciados por el gran capital- y en las autoridades políticas involucradas con el hecho, un tipo de consenso que hiede y hiere el sentido común. Se ha generalizado el comentario de que con esta liberación de 15 rehenes lo que importaba eran los resultados, y no el debate del cómo se hizo, y dentro de qué plano de negociaciones se llevó acabo.
Por supuesto, desde Irak 2003 en adelante, el mundo de los directorios corporativos y su moral política salieron ilesos. Y no importan ni los ingredientes ni la manufactura de la salchicha: hay que comérsela no más.
Precisamente, estas facetas no reveladas por el sólo hecho de su ocultamiento constituyen un problema mayor, quizás tan grave como el de la existencia del terrorismo o el narcotráfico. Al estar un grupo reducido de autoridades involucrado en las negociaciones, que por lo demás varían en sus objetivos, y sobretodo por el ocultamiento, la liberación y el proceso político que la acompaña, ven amenazada su legitimidad.
En este sentido, para Colombia y la región como hecho político, la liberación no pasa de ser otro momento coyuntural más porque la situación de base no cambia. En el largo plazo, para el Presidente Uribe lo que aparece como triunfo político es un espejismo. De acuerdo a las características de la política colombiana, las diferencias que han llevado a la existencia de las FARC seguirán existiendo con un rasgo fundamental que aún tiene sustento: la masa crítica de pensamiento y acción operacional de la izquierda que se fue a la montaña 60 años atrás, se continua reproduciendo y el cauce convencional de la política colombiana no deja espacio para la disidencia más radical.
Colombia es un Estado que funciona con las características del autoritarismo militarista, utilizando el pedigrí de una derecha que siempre fue violenta al extremo. Así como a las FARC por estar con las armas en formato de guerrilla no se les incorpora en la matriz política, a los liberales y conservadores no se les incorporaba en la matriz bélica por el solo hecho de estar en el poder y en la política formal con una pátina de civilidad pacifica.
Históricamente, conservadores y liberales disfrazaron muy bien una violencia interna que es estructural. No es que hayan desaparecido liberales y conservadores y con ellos su clientelismo político. Sólo se abrieron las cartas en forma más frontal, y están representados mayoritariamente en Álvaro Uribe. La liberación, no obstante, es el primer avance en la política exterior de los Estados Unidos en la región, sobretodo por la publicidad que ha tenido el hecho a nivel mundial. No podía ser de otra forma. El mensaje es el de la consigna dura contra la insurgencia y la descomposición del Estado.
Pasan los días y comienzan a aparecer informaciones de que la operación era suficientemente conocida con antelación por una serie de agencias internacionales y jefes de Estado. El hecho de ocultar una realidad y crear otra, delata una vez más la mano de la administración republicana de los EE.UU., confirmando un linaje de actividades encubiertas que en su última generación derivan del caso Watergate de 1974, siguiendo con la operación Iran- Contra de los años 80, y hasta el reciente fraude de información en Irak en 2003.
A través de los medios se respira la atmósfera de la Guerra Fría, al concederle un crédito de alta eficacia y una buena dosis de moral por el logro del objetivo a la operación encubierta y a la mentira como sistema de trabajo. Lo grave es que estas prácticas de operaciones encubiertas se expanden y cautivan a muchos sectores. La pregunta es hasta cuándo y hasta cuánto la opinión pública va a estar sometida a una estructura del falso mensaje creado por medios y autoridades, con una complicidad que se hace peligrosa a la hora de evaluar lo que es legítimo.
En la práctica es el Estado el que se vuelve más vulnerable, para después lamentar el terrorismo. A estas alturas no se sabe quiénes son, y donde están todos los terroristas. La guerrilla informó por sus medios, en las últimas horas, que no hubo tal operación militar, sinó una traición… que desemboco en la fuga de los rehenes con los traidores.

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